Del campo de Huasao a la cocina de la Casa Don Bosco de Cusco

Reynaldo Ttito llegó como un joven sin recursos allá por el año 2013. Hoy alimenta a unos 30 muchachos que, como él, buscan un futuro diferente en la «Casa Don Bosco» de Cusco.

Huasao es un centro poblado ubicado en el distrito de Oropesa, dentro de la provincia y región de Cusco. Un pueblo pequeño, a una hora de la ciudad, donde la tierra habla más fuerte que cualquier promesa. Allí nació Reynaldo Ttito, hijo de una familia campesina humilde, en un hogar donde la vida era dura y los sueños, indudablemente escasos, porque sus padres eran agricultores y todos debían trabajar el campo. Pero el destino —y la mano tendida de una comunidad salesiana— iba a cambiar el rumbo de su historia.

Sus padres fallecieron antes de que él pudiera imaginar siquiera un futuro para sí mismo, dejándole además la responsabilidad de dos hermanos menores. Fue entonces cuando encontró la «Casa Don Bosco», donde forjaría su porvenir.

En 2013, Reynaldo traspasó las puertas de la «Casa Don Bosco» en Cusco. Lo que encontró allí no fue solo techo y comida: fue, sobre todo, una familia. Bajo la guía del padre José Valdivia, encargado de la comunidad en aquel entonces, y de los educadores salesianos, aquel muchacho de mirada inquieta se reveló como alguien especial. Era de los primeros en ayudar, de los que nunca decían no, de los que ponían la casa por delante de sí mismos.

«Me siento agradecido a la familia salesiana, a los salesianos, a los educadores, a todos con los que he vivido en esos años y que me han servido tanto.»

La deuda que se convierte en misión

Hay algo profundamente circular en la historia de Reynaldo. La misma casa que un día lo acogió sin más que ganas y corazón, hoy lo emplea y le da la dignidad de un trabajo con sentido. Cada plato que prepara es, en cierta forma, un acto de devolución. Los jóvenes que se sientan a esa mesa —algunos estudiantes del colegio salesiano, otros formándose en institutos técnicos— comen gracias a alguien que sabe, desde adentro, lo que significa tener hambre de futuro.

Fuera de la cocina, Reynaldo ejerce otro rol invisible pero fundamental: es padre de hecho para sus dos hermanos menores. Los mantiene, los educa y sueña con verlos profesionales. El mismo camino que él recorrió quiere trazarlo ahora para ellos.

«Cada vez que recuerdo el bien que me hicieron, aceptando que yo estuviese en esta Casa Don Bosco, siento gratitud, pero también siento que una Casa Don Bosco es la única alternativa para muchos jóvenes, adolescentes y niños que no tienen cómo vivir o sobrevivir.»

Reynaldo termina agradeciendo a los salesianos que lo acompañaron y a los educadores que estuvieron pendientes de su estudio, su formación y su desarrollo como persona.


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