«Encontrar a Dios en medio de los otros»: Cristian Lita y su voluntariado en San Lorenzo

«Hacer un voluntariado es dejarse tocar por Dios, dejar que te cambie la vida y responder con generosidad». Así resume Cristian Leonardo Lita Cajas, joven ecuatoriano de 24 años, la experiencia que viene realizando como voluntario en la Obra Amazónica de San Lorenzo, ubicada en la selva peruana.

Natural de Quito, Cristian llegó al voluntariado después de conocer el ambiente del oratorio salesiano en Ecuador. Fue ahí donde otros jóvenes comenzaron a plantearle ese camino de entrega.

«Me decían: “Tú podrías ser un gran voluntario, tú podrías ayudar”. Me empezaron a animar y a hacer un acompañamiento», recuerda. A los 17 años, al terminar la secundaria, decidió vivir su primera experiencia de voluntariado en su país. Años después, ese camino lo llevaría hasta San Lorenzo.

Celebración de aniversario por los 25 años de la Misión Amazónica de San Lorenzo

«Ahora ya no me quiero ir»

Cuando le comunicaron que su destino sería Perú, su primera reacción no fue precisamente de entusiasmo. «Yo decía: “No quiero Perú” al inicio, porque creía que era algo tan cercano. A veces, cuando uno piensa en un voluntario misionero, piensa que es mejor irse a África, China, qué sé yo», cuenta.

Su percepción cambió cuando comenzó el viaje hacia San Lorenzo. Llegar en bote, recorrer durante horas la selva y encontrarse con una realidad distinta despertó en él un gran entusiasmo.

Creo que ahora ya no me quiero ir de ahí.

Cristian, actualmente colabora con el Movimiento Juvenil Salesiano (MJS), el oratorio y, especialmente, en el acompañamiento a los jóvenes de las distintas parroquias de San Lorenzo.

Cristian y sacerdotes salesianos en viaje de itinerancia a las comunidades amazónicas

Aprender antes que enseñar

Uno de los mayores desafíos ha sido adaptarse a una cultura diferente a la que conocía en la ciudad. Cristian recuerda que al inicio encontró distintas formas de pensar, expresarse y comprender el mundo. Sin embargo, más que imponer una manera de hacer las cosas, tuvo que comenzar por escuchar.

Adaptarme fue el primer paso. Después, tratar de entender la realidad de ellos: por qué hacen lo que hacen, por qué tienen ese pensamiento. Tratar de entender toda esa cosmovisión que está detrás de cada uno.

Ese aprendizaje también cambió su manera de entender el propio voluntariado. Hoy, cuando habla sobre lo que ha podido aportar a San Lorenzo, prefiere mencionar aquello que ha recibido.

«Estoy muy agradecido con los chicos de la comunidad porque ellos también me han enseñado a ser acompañante, a poder ver el mundo como ellos lo ven y a tratar de entender que en ellos también Dios trata de decirme algo».

Por ello, considera que acompañar significa escuchar, observar la realidad de los jóvenes, preocuparse por ellos y ser un amigo más para cada uno.

Actividad pastoral en el Colegio Jesús Nazareno

«Una vida se hace vida si la entregas sin medida»

A casi un año lejos de su natal Quito, Cristian recuerda una frase que lo acompaña desde hace años: «Una vida se hace vida si la entregas sin medida». Pese a estar lejos de casa, familia y amigos, se siente como si no estuviera en un lugar ajeno. «Me siento muy cómodo en medio de los chicos y de la comunidad».

Hacer un voluntariado es arriesgarse también a encontrar a Dios en medio de los otros, en medio de las comunidades, en medio de los chicos.

El camino dejado por el P. Luis Bolla

Su estadía en San Lorenzo también le permitió encontrarse con una figura que une de manera especial las historias salesianas de Ecuador y Perú: el P. Luis Bolla, SDB. Antes de llegar a la Amazonía peruana conocía poco de su labor como misionero. Fue escuchando a las personas de San Lorenzo cuando comenzó a descubrir la presencia del misionero, aún viva, entre las comunidades.

«Hay mucha gente que uno encuentra y dice: “El Padre Bolla cuando venía”, “el Padre Bolla cuando iba…”. Me parece alguien que habló tanto de Dios, que fue un signo del amor de Dios tan cercano que aún sigue sonando en la selva».

Para Cristian, ese camino continúa siendo una referencia para quienes hoy realizan una experiencia misionera en la Amazonía peruana.

Si bien el Padre Bolla ha dejado todo un sendero para la vocación misionera, ahora nos toca seguir y entender cómo se puede ser uno más en medio de ellos.

Celebración de Pentecostés con los jóvenes de Confirmación

Una experiencia significativa

A pocos meses de concluir su voluntariado, Cristian ya piensa en lo que vendrá después. Tiene claro que regresar a Ecuador no puede significar simplemente cerrar esta etapa. «La experiencia del voluntariado, la experiencia de haberse encontrado con Dios en San Lorenzo, para mí es un compromiso».

Su intención es continuar colaborando con la Familia Salesiana en Ecuador como laico y animar a otros jóvenes a conocer el voluntariado. También quiere llevar lo aprendido a su profesión. Cristian es educador. Y esa elección nació, en parte, de una experiencia de servicio.

Esta profesión la discerní cuando hice mi primer voluntariado.

Quiere seguir acompañando y aprendiendo desde su comunidad, buscando vivir aquello que Don Bosco proponía a sus jóvenes: ser buenos cristianos y honrados ciudadanos.

La comunidad salesiana de San Lorenzo, a más de 25 años de fundación en ese rincón del país, ofreció a Cristian una manera distinta de mirar la propia vida y de ponerse al servicio de los demás.


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