Cada 22 de septiembre se celebra la memoria litúrgica del beato José Calasanz y sus compañeros mártires, asesinados durante la Guerra Civil Española. Fueron beatificados en dos grupos: el primero en 2001 y el segundo en 2007. En el segundo grupo figura el salesiano Miguel Lasaga quien, al igual que Calasanz, laboró en el Perú en la década del veinte.
El 11 de marzo de 2001 el Papa Juan Pablo II beatificó en Roma a 32 mártires salesianos asesinados en Valencia durante la Guerra Civil Española. Y el 28 de octubre de 2007 el Papa Benedicto XVI hizo lo propio con 63 mártires asesinados en Sevilla y Madrid durante la misma guerra civil. En total, según cifras proporcionadas por Don Pierluigi Cameroni, Postulador General de la Congregación, fueron 95 miembros de la Familia Salesiana que alcanzaron los altares por su martirio entre julio de 1936 y abril de 1938: 39 sacerdotes, 22 clérigos, 24 hermanos, 2 Hijas de María Auxiliadora, 3 Cooperadores Salesianos, 1 miembro de la ADMA, 3 aspirantes salesianos y 1 colaborador laico.
El primer grupo de mártires estuvo liderado por el P. José Calasanz Marqués, quien fue Inspector de los Salesianos del Perú (1923-1924). Y el segundo grupo, liderado por el P. Enrique Saiz Aparicio, contó entre sus integrantes con el P. Miguel Lasaga, quien también fue personal de la Inspectoría Santa Rosa de Lima (1923-1928). Ambos compartieron años al servicio de la misión salesiana en el Perú. Junto con Mons. Octavio Ortiz Arrieta, Madre Antonieta Bohm y el P. Luis Bolla, son figuras de santidad salesiana que caminaron entre nosotros.
El único superior provincial elevado a Beato en toda la historia eclesiástica del Perú
El beato José Calasanz (Azanuy, 1872 – Valencia, 1936) fue el cuarto inspector de los Salesianos del Perú y el primero de nacionalidad española en ejercer esta labor (el segundo fue monseñor José Ramón Gurruchaga, décimo cuarto inspector). Tiene el mérito de ser el único superior provincial en el Perú, en la historia de todas las órdenes y congregaciones tanto masculinas como femeninas existentes en nuestro país, en estar en los altares.
Su primer contacto con nuestro país ocurrió en 1922. El padre Calasanz se encontraba como misionero en Cuba cuando fue enviado por el Rector Mayor Don Felipe Rinaldi de visita al Perú. Se encargaría de predicar los ejercicios espirituales, pero, principalmente, actuaría como observador de la situación interna de la inspectoría.

Llegó a Lima el 28 de enero de 1922. Por entonces el padre inspector Luis Héctor Sallaberry se encontraba en Italia y había quedado como inspector interino el recién preconizado monseñor Octavio Ortiz Arrieta, quien lo recibió y puso al tanto de la situación. Después de tres meses de contacto inicial, Calasanz dejó Lima el 20 de abril de 1922. Tras pasar por Piura, retornó a Cuba.
Lo que Calasanz y el resto de salesianos peruanos desconocían es que algunos meses después, en Cuba, recibiría el nombramiento como nuevo superior de la Inspectoría Santa Rosa de Lima. La nómina lleva como fecha el 15 de enero de 1923.
El padre Calasanz llegó por segunda vez al Perú, ahora como nuevo inspector, el 4 de mayo de 1923 con cincuenta años de edad. Encontró una inspectoría cuyo principal problema era la falta de personal y la precariedad de su noviciado, ubicado en Arequipa. Su gestión coincidió con los inicios de las casas salesianas de Huancayo (1923), Magdalena del Mar (1923) y Yucay (1924). Si bien fueron gestionadas por sus predecesores, él les brindó el impulso para su consolidación.
Partió del Perú el 11 de abril de 1924 con el objetivo de gestionar ante los superiores el envío de más personal religioso a nuestro país. Sin embargo, recibió el encargo de asumir la Inspectoría Tarraconense, en España.
Allí murió martirizado durante la Guerra Civil el 29 de julio de 1936. Fue beatificado en 2001 por el papa Juan Pablo II.
Un sacerdote artista en medio de los Andes peruanos
El padre Lasaga es, junto con el beato José Calasanz, uno de los dos salesianos españoles que laboraron en el Perú y, tras retornar a su país, morirían martirizados durante la Guerra Civil Española.


Beato Lasaga en Huancayo
Nació en Murguía (Álava), el 6 de septiembre de 1892. En una reseña biográfica elaborada por María Encarnación González Rodríguez se señala: “Después de ser alumno de los salesianos en su ciudad natal, pasó al noviciado de Carabanchel Alto (Madrid), donde profesó como salesiano en 1912. Recibió la ordenación de presbítero en Barcelona en 1921. Estuvo en Turín (Italia), como encargado del Boletín Salesiano en lengua española, y luego pasó a Perú”.
En nuestro país laboró entre 1923 y 1928. Primero en Huancayo, entre 1923 y 1925, a donde fue enviado por sus problemas pulmonares. Allí se llegó a desempeñar como prefecto en 1925, bajo la dirección del P. Camilo Cevallos. Aquí desarrolló su faceta artística, realizando lienzos de temática religiosa y secular, siendo incluso autor en 1928 de una propuesta de ornamentación para la cripta de la Basílica de María Auxiliadora de Lima. En nuestro país coincidió con su compatriota, el P. Calasanz, durante su gestión como Inspector, conservándose en nuestro Archivo Histórico alguna correspondencia cursada entre ambos beatos.


Beato Lasaga en Huancayo
Lasaga retornó a España en abril de 1929. Según apunta González Rodríguez “estuvo en la casa de Atocha y en 1930 fue destinado a Mohernando (Guadalajara), de donde fue director a partir de 1934”.
Allí, y en ejercicio de dicho cargo, le sorprendió el estallido de la Guerra Civil Española en 1936. Tras ser detenido y permanecer apresado por cuatro meses, fue asesinado junto a seis jóvenes de la comunidad de Mohernando el 6 de diciembre de 1936 en la cárcel de Guadalajara.
Considerado mártir por su fe, el 28 de octubre de 2007 el Papa Benedicto XVI beatificó a Lasaga en Roma como parte de un grupo de 498 mártires perseguidos durante la Guerra Civil.
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