Vivir el Jueves Santo es mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿A quién puedo servir hoy?

El Jueves Santo nos muestra un gesto que lo dice todo: Jesús, siendo Maestro y Señor, se arrodilla y lava los pies de sus discípulos. No hace un gran discurso, hace algo concreto. Ama sirviendo.

Reflexión de la lectura del santo evangelio según San Juan 13, 1 – 15

El Evangelio dice que “los amó hasta el extremo”. Ese extremo no es solo la cruz, empieza aquí, en lo cotidiano, en ponerse al servicio de los demás, incluso en lo más sencillo.

A Pedro le cuesta entenderlo. También a nosotros. A veces queremos un Jesús fuerte, lejano, pero Él se presenta humilde, cercano, dispuesto a servir. Y nos dice algo muy claro:
“Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”.

Es como si nos dijera: déjate amar, déjate cuidar, aprende a recibir, para luego poder dar.

Y al final deja un mensaje directo, sin complicaciones:
“Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Vivir el Jueves Santo es eso: mirar a nuestro alrededor y preguntarnos:
¿A quién puedo servir hoy?
¿A quién puedo ayudar, escuchar, acompañar?

No se trata de cosas grandes. Se trata de gestos concretos, pequeños, pero llenos de amor. Porque ahí, en lo sencillo, es donde Jesús sigue lavando los pies hoy


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