La reflexión de este día sexto día de la novena presenta a María como una madre cercana que sabe acompañar el corazón de los jóvenes con ternura, paciencia y escucha. Inspirados en el estilo de Don Bosco, se nos recuerda que educar no consiste solo en corregir o enseñar, sino en hacer sentir amado al otro.
El desafío de acompañar a los jóvenes
El testimonio muestra la preocupación de quien mira a los adolescentes de hoy y siente que muchas veces son difíciles de comprender. Algunos se esconden detrás del silencio, otros aparentan seguridad, pero en el fondo viven fragilidad, miedo y necesidad de afecto.
Surge entonces una pregunta profunda: ¿cómo entrar en el mundo de los jóvenes sin invadirlos?, ¿cómo ayudarlos a descubrir que son valiosos y amados?
María enseña a mirar con el corazón
El comentario del Rector Mayor recuerda que María tiene un estilo único para acompañar. Antes de hablar, ella sabe mirar y escuchar. Así ocurrió con Isabel y en las bodas de Caná, donde descubrió la necesidad antes que los demás.

María no impone ni humilla. Su presencia cercana hace caer las defensas y permite que la palabra llegue al corazón. Por eso es llamada “madre de la palabra al oído”, porque sabe corregir y orientar desde la ternura y la confianza.
El estilo salesiano: hacerse amar
Don Bosco enseñaba que para educar primero hay que ganarse el corazón de los jóvenes: “Hazte amar antes que temer”. La reflexión insiste en que el verdadero acompañamiento nace de la cercanía, la autenticidad y la paciencia.
Los jóvenes necesitan adultos que sepan escuchar, comprender y permanecer a su lado, especialmente cuando se sienten invisibles, confundidos o heridos.
Una presencia que acompaña y sostiene
María aparece como madre de misericordia y ternura. Ella no acusa ni rechaza, sino que anima y sostiene. Junto a ella, cada joven puede sentirse acogido con su historia, sus preguntas y sus luchas.
Quien aprende de María descubre que el primer anuncio del Evangelio pasa por el estilo: una mirada que abraza, una presencia buena y una palabra que nace del corazón.
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