Nuestros Salesianos mayores, una bendición para la Inspectoría y el futuro

Uno de los últimos pontífices que ha hablado con claridad sobre los ancianos ha sido el Papa Francisco. Afirmó con fuerza que “los ancianos son la memoria de un pueblo. Y si nosotros no cuidamos a los ancianos, no tendremos futuro”.

El artículo 53 de las Constituciones Salesianas recuerda una expresión de nuestra vocación: «La comunidad rodea de atenciones y cariño a los hermanos ancianos y enfermos». No se trata solamente de asistirlos, sino de reconocer en ellos una presencia preciosa, una historia entregada y una fuente de bendición. ¡Cuántos recuerdan al padre Corderito! ¡O cuántos recuerdan al Padre Peidro! Recuerdo es gratitud.

Con este espíritu, el 26 de agosto, como cada año, la Inspectoría Salesiana “Santa Rosa de Lima”, con la presencia de las enfermeras y algunos Salesianos, celebró la fiesta dedicada a los hermanos ancianos y enfermos de la Casa de Salud “San José” de Breña.

Fue una tarde para agradecer su vida, acompañarlos y expresarles el cariño de toda la comunidad inspectorial.

Actualmente, en la comunidad San José viven 08 hermanos salesianos que continúan participando, desde su realidad y posibilidades, en el caminar cotidiano de la misión. Su presencia, palabra, consejo, oración y, en algunos casos, incluso su disponibilidad para el sacramento de la Reconciliación, siguen siendo un verdadero servicio a sus hermanos.

Entre ellos se encuentran los padres René Corrales, Pablo Corante, Matías Lara, Marino De Pra, Jaime Payano y Jaime Peidro. Entre los hermanos de mayor edad destacan el P. Alcibíades Ramos, de 97 años, y el P. Carlos Cordero, de 98 años: casi un siglo de vida y una larga historia de fidelidad a Dios, a Don Bosco y a los jóvenes.

Como ha manifestado en diversas oportunidades el P. Juan Pablo Alcas, Inspector Provincial, nuestros hermanos mayores son una fuente de bendición para el trabajo apostólico que los salesianos desarrollamos en el Perú y en el mundo entero. Quizá hoy ya no estén al frente de una obra o de una comunidad, pero siguen sosteniendo la misión con su oración, testimonio y la ofrenda cotidiana de sus vidas.

Muchos de ellos fueron formadores, directores, constructores, educadores y animadores pastorales. Pasaron por diversas casas salesianas del Perú dejando huellas, levantando obras y comunidades, acompañando generaciones de jóvenes y entregando silenciosamente sus mejores años a la misión.


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