Cuando la fe vence al miedo: Ayacucho y su resurrección permanente 

Una ciudad herida que nunca dejó de creer. 

Ayer por la tarde llegamos a la ciudad de las 33 iglesias, Ayacucho. El clima nos recibía con la misma calidez que nos brindó Celestino, personal con más de 31 años al servicio del colegio salesiano San Juan Bosco. Caía la noche, pero las ganas y emoción seguían intactas por recorrer las calles, plazas, iglesias que mantienen un estilo colonial. Nuestro objetivo conocer de cerca la Basílica Catedral de Ayacucho, después de las fiestas por semana santa. 

Son las 07 y la mañana del jueves 16 de abril, nos abraza con un aire fresco, que atrae memorias al corazón de una ciudad abatida por el miedo y que supo levantarse impulsada por la fe, las ganas, y el empuje hacia un futuro mejor. La oración parte esencial como salesianos nos invita a iniciar el día, recibidos con cánticos y bailes propios del folclore ayacuchano, nos encaminaron a descubrir una de las razones de tanta alegría. 

Nuestro objetivo evitaba que nada nuble nuestra mirada, caminamos por la calle Don Bosco con rumbo a la Plaza Mayor de Ayacucho, un lugar que guarda en cada una de sus esquinas la historia y lucha de muchos peruanos y donde se levanta imponente la Basílica Catedral, razón de fe que fortalece a la urbe ayacuchana. 

Cerca al medio día ingresamos a la iglesia, bastó con poner un pie en ella para darnos cuenta de la paz y devoción que se siente, en medio de ella se encontraba la imponente anda de Domingo de Resurrección, utilizada para la tradicional procesión del mencionado día. Allí conocimos Luzmilla Hurtado, hija del Amauta artesano Victor Hurtado Castro creador de las muchas figuras como las flores y choclos elaboradas en base a cera y papel blanco y plateado.  

Su semblante lleno de pena, pero con una alegría que transmitía por los ojos, desmontaba cada figura reconociendo el esfuerzo de su padre y lo vivido en la semana santa. Con orgullo, nos contaba que el anda pesaba más de 15 toneladas y la cargaba un aproximado de 500 personas, a un Cristo que hace su aparición ascendiendo a la parte superior del anda. 

Seguimos visitando la iglesia ambientada con pinturas llenas de tradición, como San Cristobal, Virgen del Carmen, Virgen de Guadalupe, escultura de la Santísima Trinidad, Virgen Inmaculada de Socos, hasta que nos encontramos con una escena de oración profunda en el Santísimo Sacramento del Altar, varones y mujeres arrodillados con ojos cerrados, manos juntas, y en el sonido solo murmullos que a buen entendedor piden a los altos.  

Y así nos sorprende Ayacucho, una ciudad herida que nunca dejó de creer y mantiene su fe intacta. 


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