Ayacucho celebró las Bodas de Plata Episcopales del Salesiano Cooperador Mons. Salvador Piñeiro

Con profunda gratitud, la Iglesia de Ayacucho celebró los 25 años de Ordenación Episcopal de Mons. Salvador Piñeiro García-Calderón, Arzobispo de Ayacucho, dando gracias a Dios por un cuarto de siglo de entrega generosa al servicio de la Iglesia y del Pueblo de Dios.

En el marco de esta significativa celebración, el Coliseo Salesiano fue escenario de una especial Noche Cultural que reunió a diversas hermandades, instituciones y miembros de la comunidad ayacuchana para expresar su afecto y reconocimiento por la misión pastoral que Mons. Salvador viene desarrollando.


La velada contó también con la distinguida presencia de Mons. Paolo Rocco Gualtieri, Nuncio Apostólico en el Perú, quien acompañó esta importante celebración junto a autoridades eclesiales e invitados.


La Banda Sinfónica Salesiana tuvo el honor de brindar una cálida recepción musical e interpretar diversas piezas durante la jornada, sumándose con entusiasmo y espíritu salesiano a este homenaje. Asimismo, diferentes instituciones y hermandades ofrecieron números artísticos y presentes como muestra de cercanía y agradecimiento al Arzobispo.

Fueron momentos de profunda gratitud por los 25 años de ministerio caracterizados por su servicio pastoral, anuncio constante del Evangelio y su cercanía con las comunidades de la región ayacuchana.

La Familia Salesiana eleva sus oraciones para que el Señor continúe fortaleciendo su misión episcopal y que María Auxiliadora lo acompañe y proteja siempre en su servicio a la Iglesia.


Su camino como Salesiano Cooperador

Uno de los rasgos que Monseñor Piñeiro destaca con especial cariño es su vinculación con la espiritualidad salesiana. Recuerda con gratitud a sacerdotes salesianos que marcaron su vida, en especial al P. Jorge Sosa, su maestro y acompañante en los primeros años de ministerio, de quien aprendió la pedagogía, la cercanía y el método de Don Bosco.

Su nombramiento como Salesiano Cooperador llegó de manera sencilla pero significativa. Fue el entonces inspector, el P. Vicente Santilli, quien le comunicó el encargo especial. Tras un almuerzo comunitario, recibió una carta del Rector Mayor que lo invitaba a asumir este compromiso.


Monseñor conserva ese documento no como un mérito personal, sino como signo de la fraternidad vivida junto a la Familia Salesiana.

Al mirar su historia, Monseñor Piñeiro anima a los jóvenes a no tener miedo. Su vida sacerdotal, dice, ha estado marcada por la acogida fraterna, el servicio y la apuesta constante por Jesús. Confía en que su testimonio pueda despertar nuevas vocaciones y reavivar el deseo de servir, especialmente en la misión y en los lugares donde más se necesita esperanza.


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