Séptimo día de la Novena Mundial a María Auxiliadora 2026.- María, madre del amor

El testimonio muestra la preocupación de quien ve cómo una persona cercana se va apagando dentro de una relación dañina. Las heridas físicas y emocionales aparecen escondidas detrás de excusas, silencios y miedo.

Surge entonces una pregunta profunda: ¿cómo ayudar a alguien que no logra reconocer que está sufriendo?, ¿cómo permanecer cerca sin ser indiferentes al dolor del otro?

La reflexión recuerda que el verdadero amor nunca destruye ni hace desaparecer a la persona. Allí donde hay control, humillación o violencia, el amor necesita ser sanado.

María enseña el amor auténtico

El comentario del Rector Mayor recuerda que María amó de manera profundamente humana. Amó con ternura, con entrega y también atravesando momentos de incertidumbre y sufrimiento.

Su amor nunca aplastó ni ocupó el lugar de Dios. Al contrario, fue un amor que sostuvo, acompañó y dio espacio para crecer. María enseña que amar significa respetar, cuidar y permanecer cerca incluso en los momentos difíciles.

Por eso es llamada Madre del Amor, porque refleja un amor limpio, libre y capaz de levantar al que está herido.

El amor que acompaña y no abandona

La reflexión insiste en que muchas veces también se hace daño cuando se elige mirar hacia otro lado frente al sufrimiento ajeno. El silencio, la indiferencia o el miedo pueden impedir acompañar verdaderamente a quien necesita ayuda.

María invita a desarrollar una mirada sensible y valiente, capaz de acercarse al hermano herido con compasión y cercanía. Amar también significa proteger, escuchar y ayudar al otro a recuperar su dignidad.

El estilo cristiano del amor

El texto recuerda que el amor auténtico:

  • no controla,
  • no humilla,
  • no obliga,
  • no hiere,
  • y no busca poseer.

El verdadero amor sabe respetar, sostener y dar espacio al otro. En María descubrimos un amor que permanece firme incluso al pie de la cruz, sin dejar de confiar y acompañar.

Una presencia que sana y sostiene

María aparece como madre de ternura y misericordia. Ella no acusa ni rechaza, sino que abraza, acompaña y ayuda a sanar las heridas del corazón.

Quien aprende de María descubre que amar verdaderamente significa cuidar la vida del otro, permanecer cerca en el dolor y ayudar a que cada persona vuelva a descubrir su valor y su esperanza.


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