El arte en los patios del Oratorio

En el patio del Oratorio Salesiano del Rímac, las anécdotas de Don Bosco no solo se cuentan: se pintan. Los muros hablan gracias al trabajo artístico de una familia: Daniel Manrique, su esposa Carla Magán y su hijo Marcel. Aunque el principal ejecutor de los murales es Daniel, los tres conforman un verdadero equipo.

Una historia que comienza en el patio

Para Daniel, el oratorio no es un lugar cualquiera. Su relación con la obra salesiana nació desde muy pequeño. Creció entre talleres, juegos y acompañamiento espiritual.

Recuerda con gratitud a los Salesianos P. Carlos Cordero y P. Cayetano Camauer, figuras significativas en sus primeros años.

Fue en ese ambiente donde descubrió su vocación. Con apenas 12 años ingresó al taller de ebanistería. “Era muy inquieto en el colegio —confiesa—, tenía mucha energía. Creo que el arte nació de esa necesidad de hacer algo con las manos”.

La llegada del P. Cosme Robredo y del profesor de arte abrió una nueva puerta y es entonces que el dibujo y la pintura comenzaron a formar parte esencial de su vida.

Don Bosco hecho mural

Conocer la vida de San Juan Bosco no fue solo parte de su proceso formativo, sino una inspiración permanente. “Yo – explica Daniel –no pinto escenas aisladas. Me gusta retratar procesos, aventuras, momentos y sueños de Juanito Bosco”
“Cada mural en el patio del Rímac traduce en imágenes lo que escuché desde niño: el sueño de los nueve años, el encuentro con los muchachos pobres, la alegría del oratorio”, afirma.

El estilo que trabaja es cercano, juvenil y expresivo. Los colores son vivos; las figuras transmiten movimiento y esperanza. No se trata de una pintura distante o académica, sino de un arte que dialoga con los chicos que hoy pisan el mismo patio donde él creció.

Carla, la esposa, y Marcel el hijo, también forman parte de esta obra. La pintura no es un proyecto individual, sino familiar. Cada trazo lleva algo de los tres, “es un complemento, es una obra de familia, de equipo”, relata Carl.

Hoy, quienes ingresan al Oratorio del Rímac no solo encuentran un espacio deportivo o formativo.

Los muros se han convertido en una catequesis visual de las aventuras de Don Bosco, aquellas que cautivaron a un adolescente y que hoy, transformadas en color y forma, siguen hablando a nuevas generaciones del Rímac Salesiano.


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