«El camino cuaresmal me lleva a la Pascua, a la resurrección».- Reflexión del P. Juan Pablo Alcas, Inspector

Querida Familia Salesiana:

Estamos al final del camino cuaresmal, un camino que me ha llevado al desierto a revisar mi propia vida, a revisar mi vida cristiana y a hacer un proceso de conversión, fruto de la oración, fruto de la limosna y de la ayuda al prójimo.

El camino cuaresmal me lleva a la Pascua, a la resurrección; ese es mi camino, ese es mi destino, esa es mi salvación.

Quiero proponer tres ideas sencillas y claras para vivir mejor este tiempo:

La cuaresma es un tiempo de verdad

La cuaresma me lleva al desierto, al desierto de mi vida, pero no es un desierto sin sentido, no es un desierto vacío, sino que está lleno de preguntas y, sobre todo, de la Palabra de Dios que me invita a la conversión.

Este tiempo de cuaresma y de desierto me ha servido para revisar mi propia vida, qué estoy haciendo con ella, cómo estoy llevando mi vida cristiana, cómo estoy siguiendo el Evangelio y a Jesucristo, cómo estoy tratando de llevar el Evangelio allí donde el Señor me pide, sobre todo mi camino personal de conversión.

Mi camino cristiano no termina en el desierto, sino en la Pascua

Al final de la cruz está la resurrección, al final de la noche comienza el día, la luz, la luz que vence a las tinieblas, la luz que vence la tristeza. Es Cristo quien tiene la última palabra sobre el pecado y la muerte.

En eso está mi esperanza cristiana, en ello está el revivir la esperanza de los queridos jóvenes, aquellos jóvenes que están en desesperación, en tristeza por el mundo de hoy.

Pero esta esperanza cristiana, la esperanza en Jesucristo vivo y resucitado, me mueve a ayudar a los jóvenes a desarrollar su vida, a desarrollar sus ilusiones, a alentar sus sueños.

Estamos llamados a vivir y contagiar la alegría pascual

La muerte no ha tenido la última palabra; es Jesús, es Dios quien tiene en sus manos el destino y la vida del mundo, de cada uno de nosotros.

Me sostiene con su providencia, me sostiene con su mano y pone todos los medios a mi disposición para salvarme. La alegría de la resurrección debo compartirla, de modo especial con los jóvenes.

La familia salesiana está llamada a contagiar la vida y la alegría pascual. Que este tiempo que se avecina, que este tiempo que se acerca, cada uno de nosotros salesianos sepamos llevar la luz de Cristo, la alegría en la vida cotidiana, la alegría en los momentos más difíciles, la alegría en estos tiempos en que el país será desafiado para poder llevar adelante los destinos de los pueblos.

Que la alegría del Evangelio esté en mi vida y que la sepa contagiar.


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