Han pasado cuatro años desde la inesperada partida del P. David Facchinello. El dolor que estremeció a la Inspectoría Salesiana Santa Rosa de Lima aquel día de mayo de 2022 ha dado paso a un sentimiento profundo de todas las misiones del Valle Sagrado de los Incas: la gratitud. Hoy no se recuerda al joven misionero con tristeza o desesperanza, sino con la certeza de que su vida sembrada en tierras peruanas continúa dando fruto.
Quien recorre las presencias salesianas del Valle Sagrado de los Incas, en los Andes Peruanos, en la selva del Cusco, descubre que el P. David no ha sido olvidado. Su nombre sigue vivo en las comunidades donde anunció el Evangelio, en historias que narran quienes compartieron con él y en el cariño de un pueblo que aún recuerda su cercanía, su alegría contagiosa y su incansable espíritu misionero.
El homenaje más elocuente se encuentra en el distrito de Yanatile. Allí, la Municipalidad Distrital decidió dar el nombre del P. David Facchinello a uno de los puentes más importantes de la zona, por donde cada día transitan cientos de vehículos y pobladores. No se trata únicamente de una infraestructura vial, sino de un signo permanente de gratitud hacia un sacerdote que hizo de aquellas montañas su hogar y de sus habitantes su familia.



Miles de personas cruzan diariamente ese puente. Quizá muchas desconocen quién fue el sacerdote cuyo nombre figura en la estructura; sin embargo, ese sencillo letrero mantiene viva la memoria de un salesiano que recorrió caminos difíciles para anunciar el Evangelio y acompañar a las comunidades más alejadas del Valle Sagrado de los Incas.
El puente “En memoria del Padre David Facchinello” es mucho más que una obra pública, cuya placa conserva también los nombres de las autoridades que hicieron posible su construcción. Es, sobre todo, el reconocimiento de un pueblo agradecido que no olvida a quienes entregan su vida por los demás.
Este puente es un homenaje concreto al P. David y, al mismo tiempo, a todos los misioneros salesianos de ayer y de hoy que, siguiendo el sueño de Don Bosco, continúan llevando esperanza a los lugares donde el camino es más largo y la necesidad más grande. Es un tributo a quienes siguen hoy anunciando el Evangelio en las comunidades más alejadas, allí donde la misión exige recorrer largas distancias, afrontar el frío intenso, la altura de los Andes y las dificultades propias de una geografía desafiante. Porque ser misionero en estas tierras no siempre es fácil ni cómodo; sin embargo, el amor a Cristo y a los jóvenes hace que cada sacrificio se transforme en una entrega fecunda, capaz de dejar una huella imborrable en el corazón de un pueblo.
La memoria del P. David permanece firme, no solo en una placa o en un puente, sino en el corazón de quienes fueron testigos de su entrega. Porque la vida de un misionero no se mide por los años vividos, sino por el amor sembrado. Y ese amor sigue uniendo, como un puente, a Dios con su pueblo.
El joven misionero salesiano italiano, fallecido en un accidente de tránsito en mayo de 2022, sigue vivo en el corazón del Valle Sagrado de los Incas, donde su entrega pastoral continúa dando frutos. «Sin memoria no hay recuerdo; sin recuerdo no hay gratitud», escribía Mons. Salvador Piñeiro. Que estas palabras nos inviten a elevar una oración por el P. David Facchinello y por todos los misioneros que, con generosidad y entrega, llevan el Evangelio hasta los rincones más alejados del mundo.

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