viernes, 6 marzo 2026
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La misión, corazón vivo de la Iglesia en la Amazonía

Por Monseñor Martín Quijano, Arzobispo del Vicariato de Pucallpa

La misión es el corazón de la Iglesia y el motor que impulsa su presencia en el mundo, especialmente en territorios como la Amazonía.

Documentos como Querida Amazonía y las enseñanzas del Papa Francisco subrayan que la Iglesia solo puede entenderse plenamente si vive en misión.

No se trata de una tarea adicional, sino de su identidad más profunda. Por ello, el Papa insistía en que la Iglesia debe ser una “Iglesia en salida”, capaz de ir al encuentro de las personas, acompañar sus procesos y caminar junto a los pueblos.

En este camino también se ha fortalecido una visión más comunitaria de la vida eclesial. La Iglesia no depende únicamente del sacerdote o del catequista: el verdadero protagonismo está en la comunidad. Cada miembro, animador, catequista o fiel, comparte la responsabilidad de sostener la vida y la misión de la Iglesia, incluso en las comunidades más pequeñas.

Al mirar la realidad amazónica, esta misión adquiere un sentido urgente. La región vive profundas heridas sociales, culturales y ambientales que desafían a la Iglesia a renovar su compromiso misionero.

En este contexto resuenan con fuerza los cuatro sueños propuestos por el Papa en Querida Amazonía: el social, el cultural, el ecológico y el eclesial.

Primer reto: escuchar el grito de los más frágiles

El primer desafío es escuchar el clamor de los más frágiles. La Amazonía enfrenta problemas graves como la minería ilegal, el narcotráfico, la trata de personas, la explotación sexual y el abandono en educación y salud. Frente a estas realidades, la misión comienza con la escucha y la cercanía. La presencia de la Iglesia, a través de comunidades fortalecidas y del trabajo conjunto entre parroquias, escuelas e instituciones, busca acompañar procesos de dignificación humana y formar líderes locales que sostengan la vida comunitaria.

Segundo reto: custodiar la riqueza cultural

El segundo reto es custodiar la riqueza cultural amazónica. En esta región conviven numerosos pueblos, lenguas y tradiciones que constituyen un tesoro en riesgo de desaparecer. La misión implica valorar estas culturas, reconocer que Dios ya actúa en ellas y promover una evangelización que respete y dialogue con sus expresiones propias de fe y espiritualidad.

Tercer reto: el sueño ecológico

Finalmente, el tercer desafío es el cuidado de la casa común. La defensa de la Amazonía forma parte esencial de la misión cristiana. La contaminación de los ríos, la deforestación y otras amenazas ambientales recuerdan la necesidad de promover una ecología integral, donde la protección de la naturaleza esté unida al cuidado de la vida humana.

En medio de estas realidades, la Iglesia está llamada a seguir caminando junto a los pueblos amazónicos, manteniendo encendido el fuego de la misión y trabajando por una vida más digna, justa y esperanzadora para todos.


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