domingo, 1 febrero 2026
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“Hoy celebramos una vida que sigue dando vida a los jóvenes” P. Juan Pablo Alcas, Inspector

“Hoy, queridos muchachos y hermanos, no celebramos un bonito recuerdo del pasado, no celebramos solo un 31 de enero, el día en que murió Don Bosco. Hoy celebramos una vida que sigue dando vida a tantos jóvenes. Celebramos a Don Bosco, padre, amigo y pastor, que gastó toda su existencia por los muchachos.” Con estas significativas palabras, el P. Juan Pablo Alcas, Inspector, inició la solemne Eucaristía en honor a San Juan Bosco. La ceremonia, celebrada en la primera Casa Salesiana del Perú, el Rímac, contó con la particiación de algunos hermanos salesianos provenientes de las casas de Lima.

Durante su homilía, además de agradecer la presencia de niños, adolescentes, jóvenes y miembros de la Familia Salesiana, el P. Juan Pablo contó qué sucedió tras la muerte de Don Bosco.  

“Don Bosco murió en la madrugada del 31 de enero de 1888, a las 4:45 de la mañana. Y los médicos dijeron algo tan simple como profundo: murió por cansancio, murió gastando su vida”.


«Fue como una tela gastada por el uso, como una vela que se apaga después de haberse consumido por completo. No se apagó solo por la enfermedad, porque tuvo muchas, sino porque se entregó entero, trabajando cada día, de sol a sol, sin descanso, por sus muchachos», expresó.

Antes de cerrar los ojos, Don Bosco nos dejó un testamento. Nos dejó muchas frases, muchas que ustedes conocen bien. Pero hay una que resume toda su vida y su corazón:
“Díganle a mis jóvenes que los espero a todos en el Paraíso.”

Don Bosco no llevó a los jóvenes por cualquier camino. Los condujo hacia Dios, hacia el Paraíso. Y en sintonía con el Evangelio de hoy , que nos habla justamente de eso: de una vida que se cumple cuando se convierte en camino de salvación para otros. Don Bosco y tantos salesianos, salesianas y miembros de la Familia Salesiana han hecho de la vida juvenil un verdadero camino hacia Dios.

Antes de finalizar la homilia, el Inspector recordó un episodio muy hermoso de la vida de Don Bosco. «Dos jóvenes del Oratorio de Valdocco, en la víspera de la fiesta de Don Bosco, le regalaron dos corazones de plata. Lo hicieron porque habían entendido una frase que él dijo cuando estaba gravemente enfermo: “Hasta mi último aliento lo daré por mis queridos jóvenes.”

Hoy quizá no tengamos corazones de plata, pero sí podemos darle nuestro corazón: nuestro tiempo, nuestro cansancio, nuestra entrega. Y ese corazón tiene algo muy valioso: amor.

Por eso felicitó a los animadores del oratorio, que dan su vida mañana y tarde por los muchachos, y a los exalumnos que, a pesar de dificultades y obstáculos, siguen reafirmando su compromiso.


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