La mayor parte de los padres cree escuchar a sus propios hijos. Parece una obviedad demasiado simple.
Por: Pino Pellegrino
La seguridad del escuchar
Escuchamos muy poco. No tenemos tiempo de escuchar. Ya no buscamos tiempos para estar y escuchar al hijo. Escuchar al hijo es darle seguridad emotiva, y ofrecerle la posibilidad de expresarse.
No basta ‘oír’: ‘oír’ es un problema de acústica, ‘escuchar’ es un problema del corazón. ‘Escuchar’ es dejar que las palabras del otro penetren dentro de nosotros, en lo profundo, y resuenen con toda su fuerza.
No se escucha solo con los oídos, sino con todo uno mismo. Se escucha con la mirada, con los ojos acogedores que hacen entender que él, el hijo, en ese momento representa, para nosotros, el mundo.
El secreto de don Bosco
«Dejen libertad a los alumnos para expresar libremente sus pensamientos», decía don Bosco a sus colaboradores. Insistía: «Escúchenlos, déjenlos hablar mucho».
“A pesar de sus muchas y graves ocupaciones, siempre estaba listo para recibir, con corazón de padre, a aquellos jóvenes que le pedían una audiencia particular. Dejaba a cada uno plena libertad de hacer preguntas, exponer quejas, defensas, excusas… Los recibía con el mismo respeto con que trataba a los grandes señores”

¿Escuchamos a nuestros hijos?
La mayor parte de los padres cree escuchar a sus propios hijos. Parece una actividad simple y obvia. Sin embargo, ¿cuántas veces escuchan verdadera y sinceramente, con plena atención, lo que los hijos dicen o tratan de decir?
- Escuchémoslo con simpatía, aunque no estemos de acuerdo con sus aficiones, con algunas de sus extravagancias.
- No lo interrumpamos constantemente y tampoco demos inmediatamente un juicio: «¡Lo que has hecho es una gran estupidez!», dejemos que el hijo se desahogue, se libere.
- Respondamos adecuadamente a las eventuales preguntas.
- Los padres están acostumbrados a hablar a los hijos. Deben acostumbrarse a hablar con los hijos y los hijos aprenderán que el diálogo siempre comienza escuchando al otro.
Si escuchamos con amor, no solo regalaremos al hijo una excelente medicina psíquica, sino también una extraordinaria experiencia de encuentro humanizante. ¡Escuchar es abrazar! Escuchar es hacer vivir.
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