La Familia Salesiana del Perú se reunió este sábado 7 de noviembre en el Cementerio El Ángel, en Lima, para participar en la tradicional Romería Salesiana, una mañana dedicada a la oración y al recuerdo de los Salesianos de Don Bosco que, tras su encuentro con el Señor, dejaron en la tierra un legado invaluable en nuestros colegios, parroquias, oratorios, misiones y obras sociales de distintas partes del Perú.
La cita se dio desde las 9:00 a. m. en el Pabellón San Juan Bosco, donde descansan numerosos hermanos que formaron parte de la historia de la Inspectoría Santa Rosa de Lima. Allí, salesianos y miembros de la Familia Salesiana volvieron a encontrarse con los sacerdotes que entregaron su vida al servicio de los jóvenes y de la misión en nuestro país.


Durante la celebración, el P. Juan Pablo Alcas, SDB, Inspector de los Salesianos del Perú, agradeció la presencia de quienes acudieron para rezar por los hermanos fallecidos y encomendar a Dios sus vidas y el servicio que realizaron a lo largo de los años.
Estamos aquí compartiendo la gratitud hacia cada uno de ellos y, sobre todo, para encomendarlos a Dios, encomendar su vida y todo el esfuerzo que han hecho por cumplir la misión que el Señor les encomendó.
P. Juan Pablo Alcas, Inspector
A partir del Evangelio, el Inspector invitó a mantener «las lámparas encendidas» mediante las buenas obras y el servicio al prójimo. Recordó también que los hermanos fallecidos vivieron su vocación con las fortalezas y limitaciones propias de toda persona, pero supieron entregar cada día de su vida a la misión.


La jornada tuvo también un momento de silencio para recordar de manera personal a familiares fallecidos y, de forma especial, a los salesianos que trabajaron en la Inspectoría y dejaron su huella entre generaciones de jóvenes.
En un año en el que los Salesianos del Perú celebran 135 años de presencia en el país, 130 años en Arequipa y 120 años en Piura, la Romería volvió a poner nombres y rostros a esa historia. Recordar a quienes sostuvieron las obras y entregaron su vida en lugares, muchas veces alejados, permite comprender que la misión que continúa hoy se construyó también sobre su trabajo cotidiano.
Sigamos rezando por ellos y agradezcamos su vida puesta al servicio de Don Bosco y de los jóvenes del Perú.
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