La mañana del sábado 15, la plazuela del Santuario de Santa Rosa de Lima acogió a cientos de miembros de la Familia Salesiana. Desde las 8 a. m., los diversos grupos se dieron cita para peregrinar juntos y rendir homenaje a Santa Rosa, patrona de la Inspectoría Salesiana del Perú.
Tras el rezo y los cantos en el Santuario, niños, jóvenes y adultos de los ambientes salesianos de Lima emprendieron la marcha hacia el Convento Santo Domingo.


La peregrinación, símbolo visible de nuestro caminar por la tierra hacia el cielo, recordó que el carisma salesiano se vive en comunidad, acompañándose y haciendo de las calles un espacio de encuentro.


Cabe recordar que la Inspectoría Salesiana lleva el nombre de Santa Rosa de Lima, por lo que acercarse a los lugares vinculados con su vida significa reencontrarse con la identidad salesiana del Perú.




Al llegar a Santo Domingo, lugar que conserva la reliquia del cráneo de Santa Rosa de Lima, los asistentes participaron en la celebración de la Eucaristía, presidida por el P. Inspector Juan Pablo Alcas y concelebrada por distintos sacerdotes salesianos.
Durante la homilía, el P. Inspector invitó a los peregrinos a vivir una fe que los ponga en camino, siguiendo el ejemplo de María y Santa Rosa de Lima: confiar en Dios, salir de la comodidad y buscar la santidad en la vida cotidiana.

Porque quien lleva la verdadera fe en el Señor no puede quedarse inmóvil. La fe siempre nos pone en camino, nos saca de nuestras comodidades, nos hace levantar la mirada y descubrir que hay alguien que nos necesita.
P. Inspector Juan Pablo Alcas


Asimismo, el P. Juan Pablo recordó que la peregrinación también invita a revisar la propia vida y preguntarse dónde llama Dios a vivir la santidad, especialmente en los espacios cotidianos y en medio de las dificultades.
Quizás hoy deberíamos preguntarnos: ¿Dónde está pidiendo el Señor que sea santo? ¿En mi casa? ¿En mi colegio? ¿En medio de las dificultades? El Señor nos exige que seamos santos hoy.
P. Inspector Juan Pablo Alcas
La celebración permitió también poner en manos de Dios la misión que cada grupo de la Familia Salesiana desarrolla en Lima y renovar el compromiso de continuar acompañando a los jóvenes, siguiendo el camino iniciado por Don Bosco.

Al término de la Eucaristía, los participantes compartieron un momento fraterno en los exteriores de la Iglesia. Entre saludos y conversaciones, quedó nuevamente marcado uno de los rasgos más profundos del carisma salesiano: sentirse familia.
Como Santa Rosa, cada miembro de la Familia Salesiana está invitado a hacer de su propia vida una respuesta generosa a Dios y, como Don Bosco, a transformar esa fe en servicio y entrega a los jóvenes.
Descubre más desde BOLETÍN SALESIANO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

