Hace algunos meses, un cuaderno prolijamente manuscrito y embellecido con ilustraciones y fotografías llegó al Archivo Histórico Salesiano del Perú. Estaba fechado en 1939. Lamentablemente su autor, un desconocido sacerdote salesiano, omitió mencionar su nombre. Tras una investigación se determinó su identidad: el P. Alberto Valdivia Yabar, quien tras aquel viaje moriría asesinado en Italia en 1944 mientras auxiliaba a un herido. Aquí su historia.
En febrero de 2026, el hermano José Gallego, Secretario Inspectorial de los Salesianos del Perú, halló en un mueble de su oficina un cuaderno manuscrito. Era el relato de una travesía del Perú a Italia, a decir del título, trazado a pluma: “Cuzco Turín: De los Andes a los Alpes. Del Vilcanota al Po. Diario de un viaje”. Fue terminado en Turín y fechado el 30 de agosto de 1939.
Cuando el hermano Gallego trajo el ejemplar a mi oficina en el Archivo Histórico Salesiano, quedé impresionado. El documento contaba con 150 páginas, de las cuales 131 estaban manuscritas. La caligrafía indicaba el especial cuidado que tuvo su autor, quien también fue pródigo en brindar al lector imágenes que ilustraran el relato de su travesía: más de 60 fotografías originales, unas 17 postales, además de recortes, estampas, y algún tríptico, que fueron adheridos a las páginas del singular documento. Incluso un banderín del vapor Virgilio fue cuidadosamente doblado y colocado entre sus páginas.
Vistas del interior del diario de viaje del P. Valdivia Yabar, con fotografías e ilustraciones. Archivo Histórico Salesiano del Perú.
La presencia de tres minuciosos dibujos a color (que mostraban el trayecto del viaje entre Sudamérica y Europa, los compartimentos y distintos niveles del agua en el canal de Panamá, y un mapa del Mediterráneo a la altura del estrecho de Gibraltar) evidenciaba el tiempo y esmero dedicados a su confección. Era, sin duda, un material digno de ser estudiado y conservado para la posteridad.
Inmediatamente comenzamos a reunir elementos que nos permitieran identificar el principal dato faltante: el nombre del autor.
Identificando al autor del diario
Si bien las fotografías incluidas en el diario mostraban a su autor durante la travesía, no existía mención alguna a su nombre. Las pistas, brindadas por el propio documento, señalaban que se trataba de un salesiano peruano, nacido en el Cuzco, que al momento de su viaje laboraba en la casa de Huancayo, punto de partida del relato.
Mientras cruzaba la información revisando listas y fichas, recordé que, hacía unos meses atrás, había elaborado y remitido a Roma un informe a pedido del P. Pierluigi Cameroni, Postulador General de la Congregación, sobre un salesiano fallecido en Italia en 1944: el padre Alberto Valdivia Yabar. Me pareció encontrar cierta similitud entre lo visto en el diario y la trayectoria de este salesiano.

Salesiano Alberto Valdivia en las alturas de Machu Picchu, en su viaje de despedida rumbo a Europa. Fotografía de 1938. Archivo Histórico Salesiano del Perú.
Al comparar los datos de forma directa, la relación se hizo clara. Primero, Alberto Valdivia había nacido en Yanaoca, Cuzco, en 1915: según el diario, su autor era cuzqueño y por eso había viajado desde Huancayo al Cuzco para despedirse de su familia antes de emprender el viaje a Europa. Segundo, Valdivia, según los elencos generales, había laborado en Huancayo hasta 1938: igual que el autor del diario, quien inició su viaje a Europa en dicha ciudad, ese mismo año. Tercero, se sabe por los datos biográficos de Valdivia que él asistió a la beatificación de Santa María Mazzarello en Roma: el diario concluye relatando la participación de su autor en aquella histórica ceremonia, celebrada en el Vaticano el 20 de noviembre de 1938. Cuarto, en el legajo de Valdivia hay un diario manuscrito que comienza a fines de 1938: obviamente, la continuación de aquella bitácora de viaje. Y quinto, el diario existente en el legajo de Valdivia permitió comparar ambas caligrafías, evidenciando que se trataba de la misma letra. Así, se confirmó fehacientemente la autoría.
Del Vilcanota al Po
Alberto Valdivia, aquel joven salesiano que relató su periplo desde los Andes a los Alpes, nació en Yanaoca, distrito de la provincia de Canas, en el departamento del Cuzco (Perú) el 27 de octubre de 1915. Entró al Colegio Salesiano del Cuzco el 9 de agosto de 1926. Con quince años, ingresó al noviciado de Arequipa el 13 de febrero de 1931. Vistió la sotana en Arequipa el 9 de febrero de manos del padre José Reyneri, entonces Inspector de los Salesianos del Perú y Bolivia. En Arequipa el padre Mauricio Arato, director del Noviciado, dejó de él esta descripción:
“Voluntad excelente – muy piadoso – conducta ejemplar y constante – dócil – óptimas disposiciones para los estudios – constante aplicación y buenos resultados en los exámenes – poca salud”.
En Arequipa realizó su primera profesión religiosa el 16 de febrero de 1932, que renovó el 2 de febrero de 1935. Realizó la profesión perpetua en Magdalena del Mar el 15 de enero de 1938.

Valdivia (de pie, al centro) en el Virgilio junto a otros religiosos. Archivo Histórico Salesiano del Perú
Poseía el título de Preceptor 2° grado obtenido en Lima el 14 de octubre de 1936, además de los correspondientes a la enseñanza de Castellano, Literatura, Historia General e Historia del Perú, cuando emprendió el viaje a Turín, ciudad donde completaría su formación al sacerdocio.
Menos de un año después de su llegada a Europa, se desató la Segunda Guerra Mundial. En medio de este escenario convulso, que tuvo a Italia como uno de sus teatros de operaciones más sangrientos, fue ordenado sacerdote en Turín el 5 de julio de 1942.
Alberto Valdivia (extremo izquierdo) en la Plaza San Pedro de Roma junto a otros clérigos salesianos. Archivo Histórico Salesiano del Perú.

Una heroica muerte
Su muerte, y sus particulares circunstancias, fueron descritas en la edición peruana del Boletín Salesiano del Perú N° 15 de setiembre de 1966, según consta en un ejemplar conservado en la Hemeroteca del Archivo Histórico Salesiano del Perú:
“[El P. Alberto Valdivia] se encontraba en el colegio de Borgomanero. El 25 de setiembre en compañía de un clérigo en bicicleta fue a Stressa (sobre el Lago Maggiore). En el camino fueron sorprendidos por un tiroteo entre los fascistas y los partigiani. Fueron a refugiarse en una casa vecina. Luego el P. Valdivia empujado por su deber sacerdotal volvió al lugar del tiroteo para asistir a los heridos. Fue encontrado reclinado sobre un herido y allí mismo muerto por creerlo aliado de los partigiani. Murió mártir de su celo sacerdotal. Otra esperanza para nuestra Inspectoría quedó frustrada. Los Salesianos recogieron sus restos y le dieron honrosa sepultura de Borgomanero. Al cumplirse los diez años fue colocada una placa recordatoria de su sacrificio”.

Placa colocada en el lugar donde fue asesinado el P. Alberto Valdivia Yabar. Fotografía de Humberto Olivera Yabar, tomada por él en la década del cincuenta del siglo XX.
El padre Cameroni, Postulador General, nos proporcionó una fotografía del acta de defunción del padre Alberto Valdivia. Allí se señala que murió a las 18 horas del 25 de setiembre de 1944 en la vía provincial que atraviesa la parroquia de Stresa Borromeo, y que su cadáver fue sepultado el 27 de setiembre de 1944 en el cementerio de Borgomanero, localidad donde se encontraba la comunidad salesiana a la que pertenecía al momento de su muerte.
Pudimos contactarnos con Humberto Olivera Yabar (95 años), cuzqueño, ex salesiano y pariente del Alberto Valdivia Yabar por parte materna, quien nos brindó un breve testimonio telefónico al respecto:
“Cuando estudié en Turín a mediados de los años cincuenta, me llevaron al lugar de la muerte los hermanos de la comunidad salesiana del lago de Como, quienes al saber que yo era peruano quisieron mostrarme el sitio. Allí hay una placa en las cercanías de la carretera, donde ocurrió la muerte. Según me informaron, fue en medio del enfrentamiento de los partisanos con la gente del gobierno. Pasando vio que hubo disparos y había heridos. Él y otros se acercaron a asistir a los heridos, y allí fue disparado pensando que él también era de los partisanos. Yo avisé a su hermano de la existencia de la placa y de la memoria que existía entre los salesianos del lugar sobre este suceso. Le tomé una fotografía que aún conservo”.
La fotografía, compartida por Olivera Yabar, revela que la placa llevaba la siguiente inscripción:
“Qui calle il Sacerdote Salesiano del Peru D. ALBERTO VALDIVIA d’anni 29 vittima eroica del suo sacro ministero ai feriti dello scontro tra Partigiani e Repubblicani.
+ 25 settembre 1944”.
La placa recordatoria constituye una prueba tangible de que su sacrificio fue reconocido desde muy temprano como un acto de auténtico heroísmo sacerdotal, y ameritó el homenaje de quienes compartieron con él la tragedia de la guerra.
A la luz de estos hechos, el hallazgo de la bitácora de viaje del padre Alberto Valdivia Yabar se nos presenta como algo más que el simple relato de una travesía: es el testimonio de una vocación salesiana peruana que, sin saberlo, encontraría su consumación en el martirio, en medio de una tierra lejana a la propia. El valor de sus páginas trasciende lo anecdótico, para convertirse en una ventana documental a una vida ejemplar en su generosidad y sacrificio, y a una época lejana en la que los viajes entre continentes constituían todavía una auténtica aventura, capaz de transformar para siempre el destino de quienes los emprendían.
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