Mi inquietud por ser salesiano empezó cuando formaba parte del movimiento juvenil salesiano. Pero, si miro más atrás, creo que todo comenzó desde muy pequeño, cuando era oratoriano en el santuario de María Auxiliadora de Chosica. Ahí fui descubriendo, casi sin darme cuenta, que Dios me estaba llamando.
Para mí, tener vocación es una respuesta diaria al Señor. Es escuchar su llamado cada día y animarse a seguirlo. Es encontrar el sentido de la vida, de la felicidad y, sobre todo, el sentido de la propia existencia.
A los jóvenes que sienten esta inquietud, les diría que sigan confiando. Que no tengan miedo. Es verdad que siempre van a aparecer dudas, ansiedad o incertidumbre, porque se trata de una decisión grande. Pero en medio de todo eso, es importante confiar en Jesús, que es quien llama, y en María Auxiliadora, que siempre acompaña. También confiar en la familia, en los amigos y en quienes caminan a su lado.
La vocación salesiana es una aventura hermosa.

Por eso, les diría que se animen a dar el paso, que no se olviden de quiénes son, de dónde vienen, y que le pongan esfuerzo y corazón a esa historia que ya viene de lejos, una historia marcada por el amor.
Aquí en Arequipa, donde celebramos 130 años del carisma salesiano, esa historia sigue viva y nos impulsa a formar un corazón salesiano como lo soñaba Don Bosco.
Hoy puedo decir con alegría que me siento feliz de ser salesiano. Feliz de ser parte de la vida de tantos jóvenes y de sus familias.
Siento también la responsabilidad de seguir formándome cada día, de ser mejor, y sobre todo, de parecerme cada vez más a Jesús.
ORACIÓN DE DON BOSCO POR LAS VOCACIONES

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