La participación juvenil 2026 contó con más de 300 jóvenes, quienes se hicieron presentes en la Obra Salesiana de Arequipa, y formaron parte de este evento de transformación personal y comunitaria.



La Pascua incentivó a tener disposición, a través de dinámicas, momentos de oración y espacios de encuentro. El reencuentro con Dios en la vida cotidiana y en la experiencia compartida, se identificó de forma sencilla. Además, la representación de las bodas de Caná significó una invitación a confiar, escuchar y servir, sintetizado en el llamado: “ Hagan lo que él les diga”


De igual manera, el segundo día incluyó juegos y momentos de reflexión que los participantes supieron compartir en fraternidad y profundidad espiritual, es decir, en comunidad; ya que la fe no se vive en soledad, atendieron. La jornada culminó con la vivencia de la Cena del Señor y la oración en Getsemaní.
El tercer día llevó a los participantes a un encuentro con el misterio de la cruz. Por medio de la oración, las confesiones, el viacrucis y la adoración, los jóvenes hicieron un ejercicio de reconocimiento de las cargas propias. El mensaje de que Cristo camina con ellos fue recibido y contemplado. La entrega de las cruces personales se efectuó como signo de confianza. Además pudieron comprender que en la cruz no hay dolor sin sentido, sino un amor que se dona totalmente.



Llegado el momento culminante, en la Vigilia Pascual, se experimentó una noche cargada de simbolismo. Se rememoró al Cristo que ha vencido la muerte. En medio del silencio, las velas encendidas proclamaron la alegría de la Resurrección: la vida triunfa, el amor permanece y la esperanza nunca se apaga.
La celebración de la Pascua de Resurrección cerró este camino:
“Cristo vive, y con Él renace la esperanza”.



Cada joven se llevó a casa el compromiso de llevar a la vida diaria lo aprendido: Escuchar la voz de Dios, confiar en su palabra y servir con un corazón generoso.
La Pascua Juvenil 2026 no solo reunió a cientos de jóvenes, despertó en ellos una certeza: cuando se escucha verdaderamente a Dios, el corazón arde y la vida se transforma en servicio.

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