El antes y la vivencia religiosa actual dentro del monasterio de Santa Teresa.
La vivencia religiosa dentro del Monasterio de Santa Teresa ha tenido diversos cambios a lo largo de los años, pasando de una exigencia abrumadora a una convivencia más abierta y cercana.
Roger Alarcón, encargado del monasterio, nos ayudó a comprender esta evolución, explicando tanto las condiciones del pasado como la realidad actual de las hermanas.
«La vida dentro del monasterio se desarrollaba bajo un régimen riguroso de clausura, donde el aislamiento marcaba el día a día de las Carmelitas» haciendo hincapié en la dificultad casi total de mantener contacto con sus familias.
Incluso describe esta vivencia como una «cárcel pacífica», ya que, aunque predominaban la tranquilidad, la paz y la reflexión, el aislamiento era profundo. A pesar de ello, existían formas muy limitadas de comunicación. Con un permiso previo del monseñor, gestionado mediante cartas que debían ser aprobadas y selladas, las hermanas podían recibir visitas familiares bajo una estricta condición: «Se cubrían el rostro con un manto blanco para recibir a sus familiares».

Actualmente, la situación ha cambiado de manera radical. Se ha pasado de un aislamiento casi absoluto a una dinámica más flexible, en la que las hermanas pueden recibir visitas familiares una vez al mes, fortaleciendo así los vínculos con sus seres queridos.
Además, como comenta Roger, hoy en día también cumplen un rol activo como guías de espiritualidad. «Las hermanas ahora reciben a personas que requieran ayuda o una guía espiritual, y las acompañan en todo lo que necesitan, dando su consejo.» Este acompañamiento se ha convertido en una parte esencial de su misión, permitiéndoles tener un impacto más cercano en la vida de quienes buscan orientación.

Por otro lado, las hermanas también han incorporado diversas actividades que les permiten contribuir económicamente al sostenimiento del convento, adaptándose a diversas necesidades.
Sin embargo, este cambio no ha sido igual para todas. Roger menciona que «muchas de las hermanas se sienten estresadas con la presencia de personas; hay algunas que prefieren vivir completamente aisladas». Aun así, podemos apreciar que sin duda, esta transformación ha sido positiva tanto para el monasterio como para la tranquilidad de las familias de las carmelitas que viven allí.
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