El llamado a la selva
Corría el año 2001. Yo tenía 24 años y acababa de terminar seis años de formación salesiana. Estaba en la etapa del tirocinio. Desde el seminario soñaba con la selva; el P. Santilli nos mostraba videos del P. Luis Bolla y su misión entre los pueblos amazónicos. Aquello encendió en mí un deseo profundo: ser misionero.
Una obediencia que cambió mi vida
Mi primera obediencia fue a la Basílica de María Auxiliadora en Lima, pero días después el Inspector, P. Santo Dal Ben, me pidió un cambio: integrar la primera expedición misionera salesiana a la Amazonía peruana. Sentí que era el llamado de Dios.
Cinco salesianos, cinco países y un solo espíritu
Éramos cinco SDB de cinco países: Italia, Polonia, Ecuador, República Dominicana y Perú. Partimos con alegría y fe hacia San Lorenzo, viajando por río y tierra hasta llegar a un templo abandonado, que lo transformamos con nuestras manos.

Evangelizar con la vida
Desde entonces, la selva fue mi escuela. Navegamos ríos, compartimos con pueblos indígenas y aprendimos que el Evangelio se anuncia sirviendo. Hoy, 25 años después, San Lorenzo sigue vivo en mi corazón: fue donde encontré el verdadero sentido de mi vocación.
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