Alas y viento para volar: editorial Boletín Salesiano

“Somos ángeles con un ala rota. Solo abrazándonos volaremos, solo así lograremos el cielo.” 

 Dos alas y viento son necesarias para levantar vuelo. Dos alas. Dos. 

 ¿Y si somos ángeles con un ala rota? Será preciso entonces encontrarnos y abrazarnos si queremos emprender el vuelo. Será necesario que coordinemos como cernir dos “alas diferentes”, sincronizar movimientos si queremos remontar. 

 No quiso salvar Dios la humanidad sin el hombre. Dos alas, dos, eran necesarias: la humana y la divina. Eso es la encarnación, lo que nos dice la navidad. Por eso hay ángeles en nuestro Belén. 

 No fue el proyecto de Don Bosco, proyecto de una sola ala, sino de dos: la consagrada y la laical. Sólo así remontó un vuelo alto, solo así cumplió el sueño de Dios en su encarnación, que fue el sueño que hizo soñar a Juanito…. Ese es el estilo de nuestra misión. 

 Vientos y cielo hay. Solo son necesarias las dos alas y las ganas de volar ¿Qué tal si cumplimos el sueño de Dios y el de don Bosco y nos atrevemos a volar juntos? No se trata de dependencia, sino de sinodalidad. Habrá intentos fallidos y tal vez alas atrofiadas que no se quisieron arriesgar y lo intentaron solos. Tal vez dudas o escepticismo o rechazo también como los que negaron que lo humano y lo divino no podría definir a Jesús. Lo que no nos puede faltar en esta hora de la historia de nuestro carisma son las ganas de levantar el vuelo, de soñar alto, pero eso sí con dos alas y viento, así como Dios lo soñó. No lo olvides. 

Más publicaciones

¡Le llamaremos patio!

Dios nunca te entrega la casa, sino solo los planos; ni tampoco te da los frutos, sino siempre semillas. Y es lo que he ido descubriendo desde que llegué al Colegio Eclesiástico: a buscar la buena tierra donde plantar la semilla o el espacio preciso para levantar el edificio.

¡Palabra de Mamá!

Treinta de octubre de mil ochocientos treinta y cinco, una fecha memorable para mí. Fue un día denso y lleno de acontecimientos que marcaron profundamente no solo mi vida, sino mi vocación.

Realidad y sueños, hechos de la misma tela

Muchas fueron las calles por las que me dejé con­ducir por Don Cafasso. “Observe la realidad -me decía- para que sepa a dónde quiere llevar­lo el Señor”. Pienso yo que estando en la calle, ya estaba donde me quería el Señor.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí