Los Salesianos Cooperadores celebraron los 150 años junto a Mons. Salvador Piñeiro y la Familia Salesiana

En un ambiente de profunda fraternidad y alegría, el domingo 28 de junio, los miembros de los Salesianos Cooperadores celebraron la Santa Eucaristía junto a toda la Familia Salesiana, en una solemne celebración presidida por Mons. Salvador Piñeiro, Salesiano Cooperador y gran amigo de la obra de Don Bosco.

Durante la celebración estuvieron presentes representantes de los diversos grupos de la Familia Salesiana, quienes renovaron su compromiso de seguir anunciando el Evangelio al estilo de Don Bosco. De manera especial participaron los centros de Salesianos Cooperadores de Lima, Callao, Breña, Chosica y Rímac, Huancayo, Huánuco, Arequipa, signo de la unidad y comunión que caracteriza a la misión salesiana.


Uno de los rasgos que Mons. Salvador Piñeiro recuerda con especial cariño es su vínculo con la espiritualidad salesiana. En distintos momentos de su ministerio ha expresado su gratitud por los sacerdotes salesianos que marcaron su vida, especialmente el P. Jorge Sosa SDB, quien fue su maestro y acompañante en los primeros años de sacerdocio. De él aprendió la pedagogía de Don Bosco, la cercanía con las personas y el estilo educativo basado en la acogida, la confianza y el acompañamiento.

Su incorporación como Salesiano Cooperador también guarda una historia sencilla y significativa. Fue el entonces Inspector Salesiano, el P. Vicente Santilli SDB, quien le comunicó el encargo. Después de un almuerzo comunitario recibió una carta enviada por el Rector Mayor, mediante la cual era invitado oficialmente a formar parte de la Asociación de Salesianos Cooperadores. Mons. Piñeiro conserva con afecto aquel documento, no como un reconocimiento personal, sino como un signo de la fraternidad vivida junto a la Familia Salesiana y de su compromiso permanente con el carisma de Don Bosco.


En su homilía, Mons. Piñeiro animó a los presentes a perseverar en la misión evangelizadora desde la propia vocación laical, siendo testigos de esperanza en la familia, el trabajo y la sociedad, con una atención privilegiada hacia los niños, adolescentes y jóvenes, especialmente los más necesitados.

Al concluir la celebración eucarística, unos 100 participantes compartieron un almuerzo fraterno, espacio de encuentro y amistad que permitió fortalecer los vínculos entre los distintos grupos y renovar el espíritu de familia que Don Bosco soñó para sus hijos e hijas. La jornada se convirtió así en una verdadera fiesta de comunión, gratitud y compromiso, reafirmando que el carisma salesiano continúa vivo gracias a la entrega generosa de quienes hacen de su vida una misión al servicio de Dios y de los jóvenes.


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