En su reciente visita de animación a la Ciudad Imperial del Cusco, el P. Juan Pablo Alcas, Inspector, tuvo la posibilidad de conversar con el equipo de comunicadores de la obra con la finalidad de compartir algunas reflexiones sobre su visita y el rol que cumple como inspector provincial.
¿Cómo lo recibió la comunidad salesiana del Cusco?
Venir a esta ciudad imperial del Cusco, para mí es reconfortante y me da mucha alegría. He sido recibido excelentemente bien por toda la comunidad educativa pastoral de esta obra.
Encontrarme con el oratorio, con la casa de acogida y encontrarme con el colegio, con los muchachos, con el personal administrativo, con los educadores, con los animadores del oratorio
¿Cuál es el objetivo de su visita?
El objetivo es acompañar los procesos de transformación, de cambio y de acompañamiento que se hacen a la obra del Cusco.
Venir aquí no sólo es para obtener información acerca de cómo marcha la obra, sino sobre todo acompañar esos procesos, los procesos de calidad, los procesos de acompañamiento, los procesos de discernimiento y de trabajo que se llevan en el oratorio, en la casa de acogida y en el colegio».

¿Cómo, desde su servicio de inspector, anima a las comunidades salesianas?
Desde mi perspectiva de inspector, yo siento que cuando llego a cada casa los hermanos, los laicos, los jóvenes, necesitan siempre una palabra de un padre; el padre que acompaña, que felicita, que da aliento, el padre que corrige también.
Yo creo que el sentirme padre en cada obra me ayuda mucho como inspector. Me dirijo especialmente a toda la familia salesiana y a toda la comunidad educativa pastoral de esta obra.
Los invito a no perder la esperanza, los invito a seguir cultivando los valores del carisma salesiano aquí en la obra del Cusco. Inconvenientes, dificultades, desafíos, siempre lo sabrán. Siempre tendremos desafíos grandes, internos y externos. No tengamos miedo, no perdamos la esperanza.
¿Qué mensaje quisiera darle a los jóvenes y laicos que forman parte de esta comunidad?
La tranquilidad de la conciencia y la paz del corazón: es aquello que nos va a garantizar la felicidad plena, estar bien con nuestra conciencia y tener tranquilo el corazón, para que podamos anunciar el Evangelio.
La alegría, la paz, la felicidad, la esperanza, son signos del buen cristiano y son signos de aquel salesiano que quiere el bien de esta obra, especialmente aquí en el Cusco».
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