La Resurrección empieza con un corazón que busca, que corre, que se abre

Reflexión de la lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El Evangelio de hoy comienza en la oscuridad: “estando todavía oscuro”. María Magdalena va al sepulcro sin entender lo que está pasando, con el corazón lleno de tristeza y dudas. Y eso también nos pasa muchas veces: caminamos sin tener todo claro, sin respuestas.

Pero algo cambia. La piedra está removida.

Pedro y el otro discípulo corren. No caminan, corren. Hay algo dentro de ellos que los mueve, una mezcla de incertidumbre y esperanza. Y cuando llegan, ven algo sencillo: los lienzos, el sepulcro vacío.

Y ahí sucede lo más importante: “vio y creyó”.

No lo entendía todo, pero creyó.
No tenía todas las respuestas, pero dio el paso.

Eso nos enseña algo muy sencillo para hoy: la fe no siempre nace cuando todo está claro, sino cuando, en medio de la duda, nos atrevemos a confiar.

La Resurrección no empieza con certezas, empieza con un corazón que busca, que corre, que se abre.

Hoy también nosotros estamos invitados a eso:
a no quedarnos en la oscuridad,
a dar un paso,
a creer, incluso cuando no entendemos todo.

Porque cuando dejamos espacio en el corazón, Dios siempre hace algo nuevo.


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