jueves, 12 febrero 2026
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Asamblea Misionera.- «El misionero auténtico puede cambiar de lugar, pero su pueblo sigue siendo el mismo”

Se reunieron más de 120 misioneros y animadores de las distintas comunidades del Datem del Marañón, en el Instituto de Educación Superior Pedagógico Público “Reverendo Padre Cayetano Ardanza”, para reflexionar y fortalecer su compromiso con la misión en la Amazonía.

La mesa de honor contó con la participación del P. Juan Pablo Alcas, Inspector, Mons. Martín Quijano, Obispo del Vicariato de Pucallpa, y el P. Reginaldo Cordeiro, enviado por el Rector Mayor Fabio Attard e integrante del Dicasterio para las Misiones.

Temas que se abordaron:

  • Retos y horizontes de la labor misionera en la Amazonia
  • Orientaciones concretas para la labor salesiana tras el sínodo amazónico salesiano

Un espacio para volver a escuchar la voz de Dios

En la apertura de la tercera asamblea misionera, el P. Juan Pablo Alcas invitó a los misioneros salesianos a vivir este encuentro no como “una reunión más”, sino como “un momento de reacción, un espacio para volver a escuchar la voz de Dios, que nos sigue llamando por nuestro nombre allí donde la vida llama y el pueblo espera”.

Recordó al Papa Francisco como un hombre que siempre ha mirado al mundo desde las periferias, un hombre que nunca se alejó de su pueblo. Precisamente así debe ser nuestra manera de entender las misiones: “el misionero auténtico puede cambiar de lugar, pero su pueblo sigue siendo el mismo”.

Su corazón debe permanecer junto a la gente concreta que Dios le confía, acompañándola con cercanía y compromiso constante.

En otro momento, interpeló a los participantes con las siguientes preguntas: “¿Seguimos soñando con nuestros pueblos o solo administramos obras? ¿Caminamos con la gente o simplemente pasamos por nuestros pueblos?” Y recordó que la misión exige escucha verdadera: “Si no escucho la voz de mi pueblo y hablo demasiado, mal hacemos”.

También recordó que todo está conectado: «la herida de la tierra y la herida de los pobres son la misma herida”, y que la misión nace del amor: “Hemos sido amados por Dios; por eso vemos en el pueblo que sufre el dolor de Dios”.

Antes de culminar, animó a relanzar la misión desde el amor: “La misión no es nuestra, es del Señor. Cuando se vive con el amor de Dios, se vuelve única y hermosa”.

«El corazón de la Iglesia es la misión»

Por otro lado, el Mons. Martín Quijano, invitó a los misioneros a mirar de frente el corazón de la Iglesia. “El corazón de la Iglesia es la misión. Si no hay misión, la Iglesia no camina”. No se trata de una tarea añadida, sino de su identidad más profunda: “Si falta misión, no somos Iglesia”, dijo.

Retomando el espíritu del Papa Francisco y Querida Amazonía, insistió en una Iglesia en salida, una Iglesia que “primerea”, que se vuelca, acompaña, fructifica y celebra.

El protagonismo no está solo en el sacerdote o el animador, sino en la comunidad. “Tú eres responsable. La Iglesia es comunidad”.

Llamó a escuchar el grito de la Amazonía y recordó que la misión no comienza con planes, sino escuchando. La opción de la Iglesia no es por lo rentable, sino “por los más frágiles, los más débiles, los más abandonados”.

Finalmente, animó a una misión encarnada, cercana y valiente, que acompañe procesos de dignificación humana, trabaje en red y forme líderes capaces de sostener la esperanza en el tiempo.

“Nuestra misión comienza estando.”

Para cerrar las intervenciones de la mañana, se hizo presente el P. Reginaldo Cordeiro, quien reflexionó sobre cómo inicia la misión. «La misión comienza con la presencia», expresó. Estar entre los pueblos, los jóvenes y las familias no significa solo realizar actividades o sostener estructuras, sino construir relaciones que transmitan esperanza.

En territorios como la Amazonía, donde las distancias y dificultades son grandes, una presencia paciente y fiel es ya una luz que anuncia el Evangelio.

La inculturación es otra dimensión esencial de la misión. “Evangelizar no significa uniformar.” Ninguna cultura es superior o inferior, y la fe debe expresarse con rostro, símbolos y lenguas propias. La misión es fecunda cuando deja de imponerse desde fuera y crece desde dentro.

Inculturar significa reconocer los valores de los pueblos, purificar lo que no ayuda a crecer y descubrir que Cristo ya está presente en sus culturas.

Los jóvenes no son solo destinatarios de la misión, sino protagonistas. Formarlos significa preparar personas capaces de cuidar la vida, la creación y sus comunidades, asegurando así el presente y futuro de la Iglesia. La formación y el acompañamiento son fundamentales.

La misión se sostiene gracias a catequistas, animadores y comunidades comprometidas. La formación humana, cristiana y pastoral es prioridad, así como acompañar a las familias, fuente de vocaciones, porque nadie puede ofrecer lo que no cultiva en su propia vida.

La misión se fortalece también en sinodalidad y comunión. La Iglesia es por naturaleza una comunidad que camina junta, y trabajar con otras congregaciones, instituciones y confesiones enriquece y fortalece la misión. No llegamos solos: otros abrieron camino antes que nosotros.

Finalmente, toda renovación pastoral nace de una renovación interior. La misión no se sostiene solo con esfuerzos humanos, sino con la gracia de Dios, alimentada por la oración, la vida fraterna y el discernimiento. Que este aniversario no sea solo memoria, sino impulso; no solo celebración, sino envío; no solo gratitud, sino compromiso.

Mientras haya un joven que busque sentido y una comunidad que necesite acompañamiento, la misión continúa.

Carta del Rector Mayor, P. Fabio Attard, XI Sucesor de Don Bosco, a sus hermanos salesianos del Perú con motivo de los 25 años de la presencia salesiana en San Lorenzo

Querido Padre Inspector y hermanos de la Inspectoría, queridos hermanos y hermanas presentes en la celebración de los 25 años de la presencia salesiana en San Lorenzo:

¡Cuánto hubiera deseado estar entre ustedes para conocernos personalmente, escucharnos, aprender, reflexionar y discernir juntos lo que Dios nos pide en este momento de nuestra historia como Iglesia, como Inspectoría, como Congregación y como Familia Salesiana en la Amazonía peruana!

Estos días serán, ciertamente, un tiempo para dar gracias por las maravillas del pasado, repensar el presente y proyectar el futuro de nuestra misión con esperanza.

Damos gracias por los misioneros que nos precedieron, que abrieron camino al carisma salesiano en estas tierras. Nos han dejado un legado indomable: una fe convencida y encarnada, con los pies en la tierra; confianza en la Providencia frente a la pobreza, el hambre, el calor, la soledad y los fracasos; valentía para vivir en salida, adentrándose en lo desconocido y dejando de lado seguridades personales; y un profundo deseo de salir al encuentro del otro para llevar la alegría del Evangelio a los más pobres y vulnerables.

También estamos llamados a repensar el camino recorrido con sinceridad y humildad, reconociendo errores, fragilidades e incluso pecados. Solo así podremos levantarnos y seguir adelante.

Mirando al futuro, recordamos que el Papa insiste en que la paz, la justicia y la verdad son pilares de una Iglesia misionera. El Papa Francisco nos recuerda que la vocación misionera nace de un corazón enamorado de Cristo resucitado. Todos estamos llamados a ser misioneros, sin exclusión.

La pregunta es: ¿cómo poner a toda la Familia Salesiana en verdadero estado de misión? Esto exige conversión personal y comunitaria, renovación de estructuras y actitudes, con audacia y creatividad, al servicio del mandato misionero de Jesús.

Finalmente, recordamos que para mantener vivo el ardor misionero necesitamos una decidida confianza en el Espíritu Santo. Él cura nuestra debilidad, nos guía, nos ilumina y nos impulsa. No hay mayor libertad que dejarnos conducir por Él, que sabe lo que hace falta en cada tiempo y en cada lugar.

Que Dios bendiga este trabajo y renueve en nosotros el fuego misionero para el bien de su pueblo.


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