En el marco de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, la Iglesia en el Perú vivió un profundo momento de fe, comunión y gratitud con la celebración de la Santa Eucaristía en la Basílica de María Auxiliadora.
Esta significativa celebración fue presidida por el Mons. Paolo Rocco Gualtieri, Nuncio Apostólico del Perú y concelebrada por el P. Octavio Soto, OSJ, encargado de la Comisión para la Vida Consagrada del Arzobispado de Lima, junto al P. Juan Pablo Alcas Michilot, SDB, Inspector Provincial de la Congregación Salesiana en el Perú.

Alrededor de 1200 personas participaron en esta solemne celebración, entre religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos, quienes se congregaron para agradecer a Dios por el don precioso de la vocación a la vida consagrada.
Fue un momento en el que la Iglesia expresó su gratitud por tantos hombres y mujeres que, respondiendo al llamado del Señor, entregan su vida al servicio del Evangelio y del Pueblo de Dios
La celebración estuvo marcada por un ambiente de profunda espiritualidad y fraternidad eclesial. La animación musical fue preparada por las Hermanas Agustinas del Monasterio de la Encarnación, quienes, con la belleza de sus cantos y su sensibilidad espiritual, ayudaron a los participantes a vivir intensamente este momento de gracia, favoreciendo la oración y la contemplación del misterio celebrado.
Uno de los signos más elocuentes de esta jornada fue la presencia de la gran diversidad de carismas congregacionales.
Esta riqueza espiritual refleja la acción constante del Espíritu Santo, que suscita en la Iglesia múltiples formas de consagración al servicio de la evangelización, la educación, la promoción humana y el acompañamiento pastoral.
La variedad de congregaciones presentes manifestó la vitalidad de la vida consagrada y su misión irremplazable dentro de la comunidad eclesial.
La Eucaristía se convirtió en un verdadero espacio de encuentro ante la mesa del Señor, donde los consagrados y consagradas renovaron su entrega y fortalecieron su compromiso misionero. Este encuentro recordó que la vida consagrada continúa siendo un testimonio profético que anuncia el Reino de Dios y siembra esperanza en medio de los desafíos del mundo actual.
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